5 de febrero de 2011
HAMBRE Y PODER
En un planeta superpoblado y globalizado, donde los especuladores fijan los precios de los alimentos básicos desde Nueva York, Londres o Pekín usando programas informáticos que compran y venden sin el fastidioso factor humano (las máquinas no sienten pánico ni tampoco compasión), el arma más mortífera y poderosa es, sin duda, el hambre.
Controlando la producción de cereales como el trigo, la cebada o el arroz, que en estos días han alcanzado precios máximos históricos, los amos del mercado pueden asegurarse la docilidad y el sometimiento de los países más débiles que son los que disponen de los recursos minerales que demanda occidente.
Las revueltas que actualmente viven algunos países árabes son reflejo de esta situación. ¿Por qué se producen estos "espontáneos" alzamientos en este momento? ¿Acaso sufren estos países mayor represión y menos libertad que en los últimos treinta años? ¿Son ahora sus gobiernos más dictatoriales o represivos que antes? Sin duda no, pero el aumento del precio de los alimentos más básicos, que repercute levemente en la vida de los ciudadanos occidentales, tiene una relevancia enorme en la de los habitantes de los países pobres, que destinan la mayoría de sus pequeños ingresos a alimentarse. El hambre siempre ha sido la espoleta de las revoluciones, no Twitter o internet, y como los viejos dictadores puestos en el poder hace tantos años ya no sirven, porque sus corruptos regímenes no se sostienen, es mejor provocar una revuelta ahora que puede encauzarse hacia una transición controlada que deje las cosas esencialmente igual (con los mismos actores manejándolo todo en la sombra) que seguir inactivos y arriesgarse a una revolución como la de Irán en 1979.
Los nuevos métodos de comunicación han facilitado, sin duda, la convocatoria de las masas, pero no han sido el elemento incitador. Para jugarse la vida en la calle es preciso algo más que no ser libre, hay que estar desesperado, hace falta tener hambre.
Las revueltas que actualmente viven algunos países árabes son reflejo de esta situación. ¿Por qué se producen estos "espontáneos" alzamientos en este momento? ¿Acaso sufren estos países mayor represión y menos libertad que en los últimos treinta años? ¿Son ahora sus gobiernos más dictatoriales o represivos que antes? Sin duda no, pero el aumento del precio de los alimentos más básicos, que repercute levemente en la vida de los ciudadanos occidentales, tiene una relevancia enorme en la de los habitantes de los países pobres, que destinan la mayoría de sus pequeños ingresos a alimentarse. El hambre siempre ha sido la espoleta de las revoluciones, no Twitter o internet, y como los viejos dictadores puestos en el poder hace tantos años ya no sirven, porque sus corruptos regímenes no se sostienen, es mejor provocar una revuelta ahora que puede encauzarse hacia una transición controlada que deje las cosas esencialmente igual (con los mismos actores manejándolo todo en la sombra) que seguir inactivos y arriesgarse a una revolución como la de Irán en 1979.
Los nuevos métodos de comunicación han facilitado, sin duda, la convocatoria de las masas, pero no han sido el elemento incitador. Para jugarse la vida en la calle es preciso algo más que no ser libre, hay que estar desesperado, hace falta tener hambre.
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PRINCIPIOS BÁSICOS
LECTURAS DE EDUCACIÓN GENERAL BÁSICA
- STEFAN ZWEIG: EL MUNDO DE AYER
- GEORGE ORWELL: 1984
- AYN RAND: EL MANANTIAL
"Cuando adviertas que para producir necesitas la autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes trafican no con bienes sino con favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y las influencias más que por el trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos, sino que, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti; cuando repares que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un sacrificio personal, entonces podrás afirmar sin temor a equivocarte que tu sociedad está condenada."
Ayn Rand. La Rebelión de Atlas.
Ayn Rand. La Rebelión de Atlas.
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